Plata, Luna llena y maldiciones
Hernán González
Plata, Luna llena y maldiciones
PALMA Project Room
septiembre 23, 2026 - diciembre 12, 2026

Hay personajes cuya existencia parece comenzar cuando cae la noche. Habitan paisajes nebulosos, arquitecturas apenas visibles y habitaciones donde la luz alcanza solo para proyectar sombras. Su presencia rara vez necesita mostrarse por completo: basta con una silueta o una forma que aparezca tras la niebla para anunciar que algo permanece ahí.

En Plata, Luna llena y maldiciones, Hernán González se aproxima a una figura atravesada por la noche, el deseo y la condena. La exposición construye las condiciones para una aparición apenas perceptible a partir de la fotografía, el vitral y la escultura. Las obras se desplazan entre sombras, siluetas, paisajes inciertos y gestos que contienen tanto la tensión como la posibilidad del encuentro.

En este imaginario, el cuerpo no es necesariamente el único lugar donde puede existir aquello que nos anima. La exposición parte de la posibilidad de pensar el alma como materia: algo que puede tomar forma y permanecer en un objeto, una imagen, una habitación o un fragmento del mundo. El alma deja entonces de ser una idea abstracta: se vuelve materia, una fuerza capaz de alojarse en las cosas, cargarlas y transformarlas en amuletos o maldiciones.

Así, las obras funcionan como fragmentos de una escena que parece haber comenzado antes de nuestra llegada. Algo ha ocurrido y, sin embargo, algo continúa sucediendo. Los objetos, las imágenes, el paisaje y la arquitectura se convierten en lugares donde una presencia puede permanecer. Entre...

Hay personajes cuya existencia parece comenzar cuando cae la noche. Habitan paisajes nebulosos, arquitecturas apenas visibles y habitaciones donde la luz alcanza solo para proyectar sombras. Su presencia rara vez necesita mostrarse por completo: basta con una silueta o una forma que aparezca tras la niebla para anunciar que algo permanece ahí.

En Plata, Luna llena y maldiciones, Hernán González se aproxima a una figura atravesada por la noche, el deseo y la condena. La exposición construye las condiciones para una aparición apenas perceptible a partir de la fotografía, el vitral y la escultura. Las obras se desplazan entre sombras, siluetas, paisajes inciertos y gestos que contienen tanto la tensión como la posibilidad del encuentro.

En este imaginario, el cuerpo no es necesariamente el único lugar donde puede existir aquello que nos anima. La exposición parte de la posibilidad de pensar el alma como materia: algo que puede tomar forma y permanecer en un objeto, una imagen, una habitación o un fragmento del mundo. El alma deja entonces de ser una idea abstracta: se vuelve materia, una fuerza capaz de alojarse en las cosas, cargarlas y transformarlas en amuletos o maldiciones.

Así, las obras funcionan como fragmentos de una escena que parece haber comenzado antes de nuestra llegada. Algo ha ocurrido y, sin embargo, algo continúa sucediendo. Los objetos, las imágenes, el paisaje y la arquitectura se convierten en lugares donde una presencia puede permanecer. Entre lo romántico y lo trágico, lo íntimo y lo sobrenatural, la exposición explora aquello que el deseo deja atrás: una forma de presencia que persiste incluso cuando aquello que la originó ya no está.