La moda es uno de los primeros filtros entre el individuo y la sociedad. Antes de que el sujeto hable, la indumentaria ya comunica identidad y jerarquía. Sin embargo, aquello que parece una expresión individual también responde a sistemas económicos que administran el deseo, producen diferencias y determinan las formas mediante las cuales buscamos distinguirnos.
La exposición toma como referencia dos extremos de la industria de la moda —el fast fashion y la haute couture— para examinar las formas contemporáneas de la violencia y los mecanismos mediante los cuales el poder se reproduce. Aunque parecen sistemas antagónicos, ambos participan de una misma economía: uno masifica la promesa de la individualidad, mientras que el otro concentra el privilegio.
La moda es uno de los primeros filtros entre el individuo y la sociedad. Antes de que el sujeto hable, la indumentaria ya comunica identidad y jerarquía. Sin embargo, aquello que parece una expresión individual también responde a sistemas económicos que administran el deseo, producen diferencias y determinan las formas mediante las cuales buscamos distinguirnos.
La exposición toma como referencia dos extremos de la industria de la moda —el fast fashion y la haute couture— para examinar las formas contemporáneas de la violencia y los mecanismos mediante los cuales el poder se reproduce. Aunque parecen sistemas antagónicos, ambos participan de una misma economía: uno masifica la promesa de la individualidad, mientras que el otro concentra el privilegio.