Raúl Rebolledo
Master & (or) Servant (Smile)
PALMA - Sala 1 y 2
septiembre 23, 2026 - diciembre 12, 2026
La ropa es uno de los primeros filtros entre el individuo y la sociedad. Antes de que el sujeto se comunique verbalmente, la indumentaria ya transmite pertenencia, jerarquía, aspiraciones e identidad. Sin embargo, aquello que parece una expresión individual también responde a sistemas económicos que administran el deseo, producen diferencias y determinan las formas mediante las cuales buscamos distinguirnos.
La exposición toma como referencia dos extremos de la industria de la moda —el fast fashion y la haute couture— para examinar las formas contemporáneas de la violencia y los mecanismos mediante los cuales el poder se reproduce. Aunque parecen sistemas antagónicos, ambos participan de una misma economía: uno masifica la promesa de la individualidad, mientras que el otro concentra el privilegio y lo presenta como excepcional, natural o incluso sagrado.
Optimistic Servants está integrada por ocho cuerpos que visten camisas blancas y pantalones negros confeccionados con bolsas para cadáver. Sus torsos, producidos mediante impresión 3D, repiten un mismo modelo corporal. No tienen rostro ni nombre: sus cabezas están cubiertas, sus prendas están numeradas y sus cuerpos sometidos a una lógica serial que remite simultáneamente a la fábrica y a la prisión. Aquí, la bolsa para cadáver deja de ser únicamente un material asociado con la muerte para convertirse en el uniforme del cuerpo que produce; del cuerpo desechable.
La sonrisa no expresa felicidad; funciona...
La ropa es uno de los primeros filtros entre el individuo y la sociedad. Antes de que el sujeto se comunique verbalmente, la indumentaria ya transmite pertenencia, jerarquía, aspiraciones e identidad. Sin embargo, aquello que parece una expresión individual también responde a sistemas económicos que administran el deseo, producen diferencias y determinan las formas mediante las cuales buscamos distinguirnos.
La exposición toma como referencia dos extremos de la industria de la moda —el fast fashion y la haute couture— para examinar las formas contemporáneas de la violencia y los mecanismos mediante los cuales el poder se reproduce. Aunque parecen sistemas antagónicos, ambos participan de una misma economía: uno masifica la promesa de la individualidad, mientras que el otro concentra el privilegio y lo presenta como excepcional, natural o incluso sagrado.
Optimistic Servants está integrada por ocho cuerpos que visten camisas blancas y pantalones negros confeccionados con bolsas para cadáver. Sus torsos, producidos mediante impresión 3D, repiten un mismo modelo corporal. No tienen rostro ni nombre: sus cabezas están cubiertas, sus prendas están numeradas y sus cuerpos sometidos a una lógica serial que remite simultáneamente a la fábrica y a la prisión. Aquí, la bolsa para cadáver deja de ser únicamente un material asociado con la muerte para convertirse en el uniforme del cuerpo que produce; del cuerpo desechable.
La sonrisa no expresa felicidad; funciona como una orden. Es la imagen de una positividad obligatoria que exige al sujeto mantenerse productivo, disponible y satisfecho incluso frente a su propia precarización. La violencia contemporánea ya no necesita presentarse únicamente como una fuerza exterior: el sujeto de rendimiento interioriza el mandato de producir y termina convirtiéndose, a la vez, en explotador y explotado de sí mismo.
La repetición de las prendas anula aquello que, aparentemente, prometen comunicar: una identidad. Esta contradicción se prolonga en una edición de cincuenta conjuntos disponibles para su adquisición, cada uno integrado por una camisa y una máscara sonriente. Al ingresar al circuito de consumo, la pieza reproduce el sistema que señala: se multiplica, se vuelve accesible y convierte al público en partícipe. La falsa posibilidad de elegir oculta que incluso la diferencia ha sido previamente diseñada, producida y puesta a la venta.
Instructions for the Servants reúne ocho marcos dorados que enuncian instrucciones dirigidas a los sirvientes: textos casi invisibles cubiertos de hoja de oro que, de manera sarcástica y autoritaria, ordenan que siempre habrá que sonreír para producir, sin importar las circunstancias. El mandato adquiere así el lenguaje visual del poder que lo emite: aquello que disciplina al cuerpo se presenta revestido de valor, autoridad y deseo.
Maîtres Insatiables: el sistema cambia de escala, pero no de naturaleza. De la producción serial se pasa a la excepcionalidad del lujo. Dos figuras elevadas —rey y reina— sustituyen sus cabezas por coronas cubiertas de hoja de oro y portan un vestido de noche y un traje de dos piezas confeccionados con bolsas negras para cadáver. El oro ya no solo remite al lujo: también construye un aura de legitimidad en torno al poder.
La composición recupera la antigua asociación entre autoridad y mandato divino, visible tanto en las monarquías como en instituciones religiosas y organizaciones contemporáneas que presentan a sus dirigentes como sujetos elegidos. Elevados por encima de los demás, los cuerpos de la élite parecen separados del orden material que los sostiene, como si su posición fuera trascendente y no el resultado de una estructura económica, política y simbólica.
A un costado, cuatro figuras cubiertas con gabardinas negras actúan como alfiles: protegen a los soberanos y ejecutan su voluntad. A diferencia de los sirvientes de la primera sala, ya no necesitan portar la máscara del optimismo. Su cercanía al poder les da la ilusión de pertenecer a él. Sin embargo, continúan siendo cuerpos intercambiables al servicio de una estructura que los utiliza para vigilar, disciplinar y ejercer violencia sobre otros cuerpos semejantes a los suyos.
Frente a esta estructura, Warnings for the Masters presenta una serie de cuadros cubiertos con hoja de oro líquida que muestran, de manera elemental y directa, autos en llamas. El dorado no es solo brillo decorativo: adopta el lenguaje visual de los amos para devolverlo como una respuesta irónica y afilada a la violencia que ejercen. Lejos de embellecer la destrucción, el oro la enmarca para devolverla como gesto antagonista —atacar el fuego con fuego—; la imagen se vuelve a la vez ridícula y contundente, una negación evidente del mandato de control y producción.
Los acompaña un pequeño múltiple que responde directamente a Instructions for the Servants: sonríe mientras lo quemas todo. La instrucción cambia de dirección. El mismo imperativo que exigía productividad y obediencia se transforma en una contraorden que devuelve el mandato a la estructura que lo produce.
Entre los sirvientes optimistas y los amos insaciables no existe una oposición absoluta, sino una relación de dependencia. El poder no se conserva únicamente desde arriba: necesita ser deseado, imitado y ejecutado desde abajo. La exposición sitúa al espectador dentro de ese circuito y plantea una pregunta incómoda: ¿en qué momento la promesa de la individualidad nos convirtió en agentes de la misma maquinaria que nos despoja de identidad?
Registro fotográfico por: Agustín Arce Figueroa